Artículo en La Mar de Campos

Mi último verano en Escocia. La contrapelícula.

Estaba visitando un castillo de Escocia, rodeada de personas, en fila de a uno, y me reconocí como un borrego. Leía en inglés una historia que me era completamente ajena, cámara en mano, para engrosar las tropecientas fotografías que ya llevaba hechas ese día. Me pregunté, ¿qué hago aquí?

Vacaciones. Toca salir de nuestro centro de operaciones habitual y volar. Cuanto más lejos mejor. Descansar no sé si toca. Pero seguir haciendo muchas cosas sí. Y claro, como tú, otra infinidad de personas que, como tú, ha tenido que cogerse las vacaciones en agosto.

Y yo creía que iba a llegar a un lugar recóndito del planeta donde estaríamos solos mi corazón y el mar. Miel sobre hojuelas para el Instagram. Y de repente, ríos de personas. De todo menos idílico. De todo menos especial. Hordas. Flashes. Niños. Gente y gente haciendo cola para llegar al mismo punto, posar, disparar y dejar paso al siguiente. Aunque sea una piedra. Aunque te haya costado tres horas llegar.

En realidad ya sabía que iba a ser así. Y no es tan horrible. Pero quieres imaginártelo de la otra manera. Al final no hay escenario perfecto.

Recuerdo un momento de mis vacaciones: Edimburgo. Puente Norte. Ya lejos de las bucólicas Highlands. Solo recuerdo cabezas. Y la sensación de no avanzar. Recuerdo llegar a los sitios para no ver, para no estar. Palos selfie. Teléfonos. Objetivos. Guías. Gente. Gente. Gente.

Las vacaciones ya no son para descansar. Tenemos que producir. Tenemos que aprender. Tenemos que conocer. Tenemos que visitar.

Y a cambio la invasión.

Invadimos los espacios. Invadimos a las personas. Invadimos lo cotidiano. Y así no conocemos: desconocemos. Yo qué sé cómo es la vida en Escocia si está hecho todo para mí. Yo qué sé cómo es la vida en Escocia, en Praga, en Barcelona… Yo qué sé cómo es la vida en La Alberca o en los pueblos de la ruta de Don Quijote. O cómo será dentro de unos años aquí.

He comprobado en estas vacaciones (y en otras) cómo el turismo lo está colapsando todo. Cómo los turistas lo estamos estropeando todo. Ahora nuestros pueblos empiezan a meter todos los huevos del desarrollo en la cesta del turismo. Cómo seremos. ¡Qué hacemos!

Pero de eso ya escribiré, que tengo que ir a invadir Menorca en las vacaciones que me quedan…

P.D: me encantó Escocia, a pesar de la revelación. Tampoco llevaba cámara de fotos, pero qué más da…

Artículo en La Mar de Campos

***Artículo publicado en La Mar de Campos en septiembre de 2017.

Virginia Hernandez
isaeirene2015@gmail.com