Guille

Mi amiga Alma pasó meses insistiéndome en que tenía un amigo que se llamaba Guille y cantaba y me iba a encantar. Cada vez que nos veíamos me hablaba del tal Guille, hermano de su amiga Blanca, que había sacado un disco. Fue, durante mucho tiempo, más que insistente.

En 2015 yo había cubierto ya el cupo de comprar y triturar maquetas de amigos de amigos y había acabado por estomagarme cualquier atisbo de cantautor con voz grave y guitarra, así que normalmente le seguía durante un rato la corriente hasta que pasábamos a otro tema.

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Guille Jové

Hasta que llegó mi cumpleaños, y como ella había constatado que no había hecho ni el amago de comprar el disco de Guille Jové que había tras la vitrina del Penicilino, me lo regaló.

Y yo ahí si que soy inflexible, si me regalas un disco o un libro, lo escucho y leo, sin excepción.

En casa hacía años que no usaba CDs, soy abonada a Spotify desde ni me acuerdo, pero en el coche sí tenía un reproductor de CD que, por cierto, funcionaba tan mal, que cuando conseguía que reprodujera un disco me pasaba meses sin sacarlo por miedo a que, al cambiar de grupo musical, me tocase estar otros tantos meses sin escuchar una sola canción, a no ser que proviniese de la propia radio, que funcionaba algo mejor.

Así fue como empecé a escuchar el disco del dichoso Guille Jové amigo de Alma, en el coche. Y así fue como, efectivamente, no hice otra cosa al terminar el primer trayecto que, coger el teléfono, llamar a Alma y decirle: tenías razón. Al otro lado escuché: ¡Te lo dije!

Desde aquel día pasé meses escuchando Enraizando. Cada vez que me montaba en el coche sonaba ‘La Esgueva’, ‘La Nogala’ o ‘Nubes por el oeste’ y yo conducía cantando con la misma pasión que conduce quien escucha un buen concierto de rock and roll.

Videoclip de Nubes por el Oeste

Pero Guille Jové no era una banda de guitarras afiladas y estruendosa batería, Guille Jové es la melodía que canta la banda sonora de mi vida, a lo que fui y lo que soy, como persona y como pueblo, por eso Alma insistía tanto en que lo conociera.

¡Cuántas veces he escrito sobre la falta de relato que tenemos como pueblo! Que los que escriben sobre nosotros escriben desde fuera, que no tenemos voz, sino que nos la pone quien nunca vivió aquí. Que la erudición es cosa de la ciudad, y los cantautores… ¡Ay los cantautores! Pero de repente, ahí estaba Guille Jové, cantando a nuestros pueblos, a nuestras gentes, a nuestros ríos y montañas…

Guille en concierto

Concierto de Guille Jové en La Molinera

Conocí a Guille, le vi en varios conciertos y… hace apenas unos meses llegó La memoria del barro. “Saltó el zorro tras la encina” son los primeros versos que podemos escuchar de este segundo disco, justo antes de que cante la historia de los famosos motines del pan ocurridos, justamente en esta tierra, cuando en Tierra de Campos no tenían siquiera dinero para pagar el pan hecho con el trigo que aquí mismo se estaba produciendo… “Somos las nietas de esas valientes”.

Guille Jové debería ser ya parte de nuestro patrimonio, que así como siempre volvemos la vista a Delibes, no muy lejos hay un amigo que canta en presente para, por y sobre esta tierra sin que tengamos que volver la vista al pasado y, dicho sea de paso, sin el paternalismo de para quien el mundo rural tuvo mucho de patio de recreo y a quien el mismo Guille recuerda en su canción ‘El milano’: “Como decía el paisano, si el cielo de Castilla es alto lo habrán levantado los campesinos de tanto mirarlo”.

Y hablando de esta tierra y en estos días que tanto revuelo se ha montado por si pertenecemos a uno u otro pueblo o reino, no quería terminar sin hablaros de, sin duda, la mejor canción de este segundo disco, la que más me ha impresionado y a la que me he tenido que acostumbrar a escuchar sin lágrimas: ‘La jota a Riaño’, que recuerda el crimen cometido el 7 de julio de 1987, cuando tras años de amenazas, finalmente se ejecutó la barbarie y destrucción de sus pueblos para la creación del pantano.

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Manifestación en Riaño contra la construcción del pantano

Riaño nos pilla lejos, pero no tanto; cuando aquello ocurrió yo ni había nacido, pero me obliga a ser consciente de que no hace falta retroceder muchos años, que hace tan solo treinta en este país se echó a la gente de las casas para producir energía para las grandes ciudades y, ¡reconozcámoslo!, aquí no nos inundan, pero están sembrando nuestros campos de eólicos para que el alcalde de Vigo y Madrid se peguen por ver quien tiene la iluminación más gorda.

No sé si habrá tantas diferencias entre León y Castilla, pero cuando escucho esa canción siento que es un himno a la defensa de nuestros pueblos, ¡de todos!, con independencia de las fronteras, y que en esta tierra nuestra deberíamos llevar a Guille Jové por bandera para que ningún Riaño vuelva a producirse jamás, porque como dice la canción: “no se llama progreso dejar los pueblos sin vida”.

Cuando canto “de Riaño no nos van a sacar” canto que de nuestros pueblos no nos pueden echar. Cuando canto a ese Riaño recuerdo que no nos morimos, que desde hace décadas el medio rural no es más que el espacio donde se obtiene la materia prima que utiliza la parte desarrollada de este país y que sus gentes poco o nada importamos. Cuando canto a Riaño y digo que “no nos van a sacar porque hay alma en cada gota de ese embalse mortal, símbolo de su desprecio hacia el mundo rural”, y pienso “que no hay olvido ni perdón para quien quiso matar siglos de autosuficiencia sin ciudad”, canto por todos nosotros, por lo que fueron, por lo que fuimos y por lo que serán estos pueblos, si en vez de resignados, que es como nos quieren los mismos que hace treinta años inundaron aquel valle, nos mantenemos en pie para luchar.

Va por ti, Guille Jové.

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Virginia Hernandez
isaeirene2015@gmail.com