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Fraguas

Fraguas es un pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara. O quizás debo decir fue. O quizás debo decir que fue, dejó de ser, volvió a ser y no se sabe si será.

En Fraguas vive gente, pero no es un pueblo. Pero si tú vas a Fraguas verás un pueblo, aunque digan que no lo es. O, por ser más correcta, aunque una sentencia judicial pida su demolición para que deje de ser y podamos volver a decir que Fraguas fue un pueblo que ya no es.

Pero para entender esto que parece un juego de palabras, empecemos por el principio.

El pueblo de Fraguas dejó de existir hace 50 años, cuando Franco ordenó su demolición para declararlo monte de utilidad pública (en cristiano, un campo de tiro), forzando así su despoblación. Oír, ver y callar, ya ustedes saben. Pero Fraguas seguía allí. Lo que quedaba aún de sus casas podía verse allí. Supongo que el alma de Fraguas todavía latía allí.

Por eso, en 2013, Lalo Aracil y varios compañeros decidieron dejar Madrid y rehacer su vida en este pueblo de la provincia de Guadalajara. Ya en ese mismo año rehabilitaron la primera casa, que en 2018 se había convertido en tres casas habitables y una huerta que les daba frutos para autoabastecerse y poder vender; de hecho, hacen productos artesanales para financiarse.

En estos años también han realizado dos reforestaciones en la zona con vegetación autóctona, aunque (algo que podía haber resultado premonitorio) desde el primer día sufrieron el acoso por parte de los guardias forestales; les pusieron multas de todo tipo: por circular, por hacer una huerta…

Tampoco les permitieron empadronarse en Monasterio, la localidad más cercana y a cuyo Ayuntamiento pertenece Fraguas.

Luego pasó que desde la Junta de Castilla-La Mancha les pusieron una cadena que les bloqueaba la principal entrada al pueblo para que no pudieran entrar ni salir con vehículos… Imaginaos en caso de una urgencia o un accidente…

Y así hasta que en 2015 llegó la primera citación judicial por usurpación. La querella la había interpuesto la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, propietaria de los terrenos desde que el pueblo dejó de existir oficialmente. La Fiscalía pedía seis meses de cárcel para cada una de las seis personas a la que consiguió identificar.

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La causa contra ellos siguió creciendo. En 2017 recibieron una nueva acusación por parte de la Junta de Castilla-La Mancha, esta vez por delitos contra el medio ambiente (acusación que después fue retirada) y contra la ordenación del territorio, porque la zona está catalogada como monte, aunque sea un pueblo porque no están haciendo ninguna casa de nueva planta. Les pedían para cada uno de ellos dos años de cárcel por cada uno de los dos delitos. Además, les exigieron el pago de 17.000 euros de fianza para la demolición de las casas. En total, cuatro años y seis meses de cárcel y multas que rondan los 10.000 euros para cada uno de ellos. 26 años de cárcel y 60.000 euros entre los seis.

Y finalmente, el Juzgado de lo Penal número 1 de Guadalajara condenó el pasado mes de junio a penas de un año y nueve meses de cárcel, además de a multas de 2.700 euros por cabeza, a los seis repobladores de Fraguas.

Aunque la condena no conlleva entrada en prisión, la sentencia sí prevé la cárcel en caso de que no paguen las multas, que suman 16.380 euros, y la responsabilidad civil derivada de los gastos de demolición del pueblo y el traslado de los escombros; cifra que los nuevos habitantes de Fraguas calculan en 30.000 euros pero que está aún por concretar. Les adelanto que no tienen ese dinero, así que estos jóvenes irán a la cárcel por intentar repoblar un pueblo.

El proyecto de Fraguas ha contado desde el principio con el apoyo de innumerables asociaciones, organizaciones sociales y colectivos de distinta índole, pero sobre todo, y fundamental, de los antiguos vecinos de Fraguas y sus descendientes, que no han dudado en colaborar con estos jóvenes cuyo único objetivo era dinamizar y recuperar el medio rural y sus valores de cooperación, colaboración, sostenibilidad, autosuficiencia, autonomía… y evidentemente, vivir en el pueblo.

El disparate de esta condena, en comparación con otros delitos que vemos constantemente en la televisión, no necesita ser explicado. Pero además, me gustaría llamar la atención sobre algo que les dijeron: tienen miedo al efecto llamada. ¿Efecto llamada a qué? ¿A volver a nuestros pueblos? ¿A llenar de vida el medio rural? ¿A aliviar el colapso de las grandes ciudades?

Una se pone a pensar en estos chavales, en este pueblo, en estos jueces y en estos gobiernos y tiene que confirmárselo a sí misma una vez más: aquellos que dicen estar contra la despoblación son, precisamente, los que más hacen por ella. ¿Ahora resulta que la solución es el problema?

En junio de 2018 les condenaron.​ En agosto interpusieron un recurso. En enero de 2019 la Audiencia Provincial de Guadalajara lo desestimó. Los jóvenes repobladores de Fraguas irán a la cárcel.

Ahora sigue creyéndote los discursos de todos esos que se llenan la boca hablando sobre despoblación.

Vergüenza.

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Virginia Hernandez
isaeirene2015@gmail.com