Artículo en La Mar de Campos

Epílogo

Epílogo porque de lo que voy a hablar es de las conclusiones que he sacado al final del verano, como un verano más o como un verano diferente.

Para nadie es un secreto que yo soy la alcaldesa de San Pelayo y que en San Pelayo este verano han pasado muchas cosas, o al menos más cosas que el resto de año, entre ellas, probablemente la más importante, o la más notoria, el festival contra la despoblación 4GATOS.

No voy a hablar ahora de ese evento, pero sí de que a causa de esta celebración fui entrevistada en radios, en televisión, en periódicos, incluso en el programa Noches de verano de RNE, que hizo que mi voz, y por ende, la de todo mi pueblo pudiera escucharse en todo el país. Por esta razón hubo quien se atrevió a reprocharme que estaba vendiendo humo, porque cualquiera que conozca San Pelayo sabe que no es digno de ninguna de las atenciones que recibió por parte de tanta gente de fuera. Y es verdad que a lo mejor si llegas a San Pelayo y concibes San Pelayo como un núcleo de población aislado de todos los demás y te limitas a ver las cuatro casas y los cuatro gatos que en él viven puedes llegar a pensar que, evidentemente, mucho boato para tan poco pueblo. Pero es que cuando yo hablo de San Pelayo, no estoy hablando de mi pueblo, sino de muchos otros pueblos, de una cultura, de una historia, de una sociedad, de un tipo de gente y su manera de entender la vida.

Os cuento esto porque una periodista me preguntó en una ocasión por la razón de ser de 4GATOS y fue entonces cuando me di cuenta de que era el momento de devolver a nuestros abuelos todo lo que nos quisieron. Porque si nosotros hemos ido a la universidad, hemos viajado, tenemos un coche y más de un par de zapatos para escoger al día es gracias a todo lo que ellos lucharon empeñados en darnos un futuro que no había podido ser su presente.

Si nosotros vimos teatro, fuimos a conciertos y sabemos discurrir si nos gusta más una obra barroca que una neoclásica es porque se empeñaron en que volásemos lejos del pueblo que no iba a poder darnos esa capacidad. Mi generación está en deuda con todos aquellos que lucharon para que escapáramos de una tierra sin futuro. Y aunque parece que sin esperanza seguimos, al menos ahora tenemos la capacidad de devolver a la tierra y a los que se partieron el lomo en ella, todo lo que aprendimos, todo lo que vimos y, también, todo lo que soñamos.

Este es el momento de devolver a nuestros pueblos aquello de lo que la modernidad los privó. Nosotros que, a pesar de todo, tenemos mejores trabajos de los que ellos tuvieron y podemos soñar con vidas que ellos no vivieron, debemos corresponder el sacrificio de sus vidas por las vidas de las generaciones que veníamos detrás.

Ese fue el sentir de 4GATOS y de este artículo y de mi empeño por San Pelayo y por todos los San Pelayos de esta castigada Tierra de Campos y Torozos. Porque algunos dirán que ni mi pueblo, ni ninguno de los vuestros son dignos de que ninguna radio nacional hable de ellos. Y, probablemente, si solo te fías de lo que tus ojos ven, cualquier tierra, a poco que hayas viajado te pueda parecer mejor que esta. Pero es que yo hablo del amor, y no siempre nos enamoramos de la más guapa. Hay bellezas que están ocultas más allá del rostro. Y aprendí en El Principito que lo esencial es invisible a los ojos.

Artículo en La Mar de Campos

***Artículo escrito en La Mar de Campos en octubre de 2017.

 

 

Virginia Hernandez
isaeirene2015@gmail.com