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Cosas de chicas

Suena el teléfono. Llega un email. “Hola Virginia, soy no sé cuantitos, pertenezco a no sé qué, y nos gustaría invitarte a una mesa redonda que celebraremos no sé qué día en este X sitio. Se trata de unas jornadas de bla bla bla y queremos que vengas para hablar de LA mujer”.

Y es así como en no sé cuántas jornadas sobre medio rural, despoblación, futuro de Castilla y León, sector primario, etc. he participado para hablar ¿de medio rural, despoblación, futuro de Castilla y León o sector primario? No. Para hablar de LA mujer.

LA mujer. ¡Qué cosa! ¡Y cómo no vamos a hablar de LA mujer en estos tiempos modernos en que tanta importancia han adquirido las reivindicaciones de LA mujer! En no pocas veces, en palabras de la misma persona, perdón, del mismo señoro que organiza este tipo de jornadas: LA mujer, ¡cómo no vamos a reseñar a la mujer!, ¡a señalar a la mujer!, ¡a dar protagonismo a la mujer!, si adoro a mi mujer, a mi madre que me dio la vida y tengo dos hijas a las que quiero con locura… Y, además, ¡me encantan las mujeres!

Y es así como en no sé cuántas veces que he participado en mesas redondas y jornadas para hablar de LA mujer: un señoro me da la palabra, me da el protagonismo, me da el espacio y, en otras tantas ocasiones me da, incluso, el pie de lo que tengo que decir.

Y os cuento esto porque empiezo a estar hartita de que me inviten a participar en espacios sobre medio rural, reto demográfico, política local, sector primario, etc. en que los hombres debaten sobre las cuestiones centrales e importantes y a nosotras nos invitan a hablar de cosas de chicas: LA mujer en el medio rural, LA mujer en la granja, LA mujer como elemento clave contra la despoblación… Y además siempre en singular determinado. Las mujeres debemos de ser una cosa única y particular. Un elemento inalterable con independencia del lugar, el tiempo y otros condicionantes. Y parece, además, que ser mujer o, mejor dicho, haber nacido con vagina, nos otorga capacidades y conocimientos que nos hacen especialistas en cosas de mujeres. Cosas de chicas. Pero nunca al revés.

He asistido a jornadas en que tras escuchar a cinco alcaldes macho contar sus experiencias como alcaldes macho, me ha tocado intervenir en mesas redondas junto con otras chicas, para hablar de cosas de chicas, aunque yo no sea especialista en cosas de chicas, porque mi experiencia de chica, supongo, no es experiencia suficiente para mezclarme con la experiencia de alcaldes macho, cuya experiencia debe ser mucho más… más… más experiencia.

Y es que es más que frecuente que en un foro de cultura, poder u opinión haya un espacio dedicado solo a mujeres, con un título del tipo “mujeres que hacen o piensan cosas”, habitualmente sobre mujeres también. Mientras en el resto de espacios, los hombres opinan de lo que hay que opinar. Las mujeres quedamos enmarcadas como colectivo, excepción y rareza y se nos aparta así de lo general.

Sin embargo, la cuota de mujeres no es igual que la cuota feminista, que es la cuestión que se debería abordar en todos estos foros: de nada sirve que se nos dedique un espacio a las mujeres, por el simple hecho de ser mujeres, si no somos expertas en políticas de género que es lo que realmente tiene capacidad de incidencia. La presencia de mujeres no significa nada si nada cambia con nuestra presencia, aunque esta sea un primer paso imprescindible. Y es que la presencia de mujeres no garantiza el feminismo, aunque su ausencia sea inaceptable.

Cuando a mí me invitan a hablar de cosas de chicas, lo que deberían hacer es invitar a personas que sepan hablar sobre perspectiva de género, porque el hecho de que una mujer o incluso muchas mujeres se sitúen en lugares estratégicos no garantiza el feminismo, aunque hayan llegado a esos sitios estratégicos gracias a él. Ser mujer no asegura una determinada manera de pensar. Mi valía no reside en mis genitales, ni mis conocimientos son conocimientos de chicas, así que, si quieren invitarme a sus jornadas, iré a hablar de aquello en lo que puedo aportar.

Que me inviten a hablar de mujeres siendo yo mujer solo tiene sentido si su pretensión es dar voz a las víctimas históricas del sistema patriarcal, pero no nos llaman por eso, nos llaman porque tienen que cubrir una cuota que les haga sentir señoros modernos, aunque demuestran así que no entienden nada; como cuando se habla de la importancia de LA mujer rural para aumentar la población de nuestros pueblos; yo me pregunto: ¿pretenden estabularnos y ponernos a parir nuevos habitantes del campo?

Es responsabilidad de todos trabajar para que las mujeres, de una vez, dejemos de participar en conferencias de mujeres que hacen cosas, para hablar, como los hombres, de las cosas directamente. ¡Feliz 8 de marzo compañeras! Que viva la lucha por la igualdad real.

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Virginia Hernandez
isaeirene2015@gmail.com