Comarcalización o muerte

Llevo mucho tiempo diciendo que la provincia de Valladolid no es una, sino dos. Que hay una línea imaginaria que cruza desde Pedrosa del Rey, atravesando Valladolid por el norte de Tordesillas y girando levemente hacia arriba, para morir en Villalba de los Alcores. O sea, una línea que separa la Valladolid regada por los grandes ríos y la de los ríos de segunda, tercera y cuarta.

A esas dos delimitaciones podríamos llamarlas Valladolid Norte y Valladolid Sur. O mejor: Valladolid, la parte situada al sureste, y Campos y Torozos, la zona noroeste.

Vean:

A principios de noviembre saltaba la noticia: “La Guardia Civil reduce sin avisar el servicio en 12 de sus 24 cuarteles a un día de la semana”. Solo el titular pone los pelos de punta, pero no quiero centrar la cuestión en la estupidez que resulta pensar que un cuartel de la Guardia Civil solo funcione un día a la semana; sino que quiero mostraros cómo quedaría el mapa: en Valladolid Sur, cuatro cuarteles de 24 horas, siete abiertos de lunes a viernes, y ocho un día a la semana. Pero, en cambio, en Montes y Torozos, tenemos que conformarnos con un cuartel abierto 24 horas, el de Medina de Rioseco, y cuatro abiertos un día a la semana. Eso para casi 100 municipios de los 250 que tiene Valladolid.

Si atendemos exclusivamente al número de habitantes, es cierto que hay muchísimos más bajo el trazado de esa línea… Pero, ¿y si hablamos de territorio? ¿Puede dejarse vacío de un servicio tal cantidad de kilómetros cuadrados? ¿O es que están dejando a Montes y Torozos ya como tierra para el saqueo? Tierra de Campos en ese panorama bien podría pasar a ser Tierra de Bandoleros, y parece manifiesta la intención.

mapa Valladolid

En todo caso, esto es una anécdota que, por fortuna, fue rectificada al día siguiente. Sin embargo, suponía la evidencia indiscutible de la existencia de esas dos provincias. Al sur de la línea el desarrollo, al norte la depresión. Al sur los viñedos, las personas, los municipios más grandes… ¿y qué nos va quedando al norte?

Miren, acaban de aprobarse los presupuestos de la Diputación de Valladolid, sobre el papel, millones de euros repartidos para el desarrollo de nuestros pueblos, como habrán leído en la prensa, pero… ¿Cómo se reparte ese dinero? Por número de habitantes. ¿Qué pasa entonces? Que la balanza se inclina, ¡se embala!, hacia el sur. Y además siempre reciben más los que tienen más, porque si un pueblo de 50 habitantes quiere cambiar las farolas y lo mismo uno de 5.000, ¿a quién le saldrá más caro? Al municipio de 50, al que el vendedor de farolas no podrá “hacer precio” por el encargo contundente de producto. Pura economía de escala.

Y si hay ayudas para colegios, ¿quién se las llevará?: los pueblos que tienen colegio. Y si hay ayudas para las oficinas de turismo, ¿quién se las llevará?: los pueblos que tienen oficinas de turismo. Y si hay subvenciones para la dotación de centros deportivos, ¿quién se las llevará?: los pueblos que tienen centros deportivos… Algo que parece lógico, pero que no hace sino sumar desarrollo a quien ya está desarrollado y sumar depresión a quien ya está deprimido. Porque, ¿creéis que existen a cambio otro tipo de ayudas que fomenten el desarrollo de los municipios sin recursos? No padre.

Del dinero destinado a la remodelación del castillo de Fuensaldaña, al de Peñafiel o al nuevo edificio Q-Bo de Villa del Prado para promocionar Valladolid, del Sur, claro, ¿sacamos algún provecho en esta tierra? Del dinero que destinan a las asociaciones de empresarios, a las bodegas, al turismo del vino, o a las denominaciones de origen, ¿obtenemos algo?

Se unifica el criterio de desarrollo por arriba en vez de por abajo y por eso, mientras algunos se gastan los dineros de desarrollo rural en fiestas de dudoso fin, en Campos y Torozos seguimos privados de un elemento tan básico para nuestro desarrollo como es Internet de alta velocidad.

Entiéndanme, ¡no quiero que dejen sin recursos al Valladolid más desarrollado! Quiero que dejen de obligarnos a competir con quien nos saca mucha ventaja y legislen teniendo en cuenta el factor diferencial.

Y es que, no me digan que no tiene gracia que, administraciones como la Diputación, que justifica su existencia en que nosotros, nuestros diminutos y deprimidos pueblos, no existiríamos sino fuera gracias a ellas, destinen sus recursos justo a los municipios más grandes y desarrollados. Tiene gracia que, quien dice ser nuestro soporte, reparta los recursos en función del número de habitantes, y no con criterios geográficos, de desarrollo, de vulnerabilidad social, de distancia al centro comarcal, de solidaridad…

En fin… dirían mis amigos geógrafos que esto evidencia un modelo de provincia caduco y que necesitamos otra ordenación territorial. Y a la luz de las políticas, los resultados, y la depresión profunda de nuestra tierra, solo me queda darles la razón: comarcalización o muerte.

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Virginia Hernandez
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