Sobre la responsabilidad política

¿Son ustedes de aquellas personas que se sienten identificadas con afirmaciones del tipo: “tenemos los peores políticos de la historia”, “son unos incapaces”, “solo saben tirarse los trastos a la cabeza”? ¿O directamente de los de: “odio la política”, “paso de la política”, “no me interesa la política” (supongo que porque los políticos son todo a lo que me he referido anteriormente)?

No les pregunto si son ustedes personas analíticas y de alta capacidad crítica, les pregunto si son ustedes de esas personas desafectadas con la política, en general. De esas personas a las que les produce un profundo rechazo ver en el telediario a los parlamentarios y comparten en Facebook constantemente mensajes del tipo “Fulanito y Menganita cobran muchos euros al mes por tocarse la barriga mientras tú trabajas de sol a sol por miseria pura. Compártelo si estás de acuerdo y quieres que los políticos coman la mierda del suelo”.

No seré yo quien niegue que determinadas actitudes, indignidades y decisiones desacertadas a veces hacen inevitable un exabrupto incriminatorio en una primera reacción. Pero convendría pararse a pensar. Insultar es fácil, analizar y buscar soluciones no tanto.

Es fácil decir que la política es una mierda, es fácil criticar las decisiones que toman otros. Es fácil considerar que todo está corrompido, que la culpa es del sistema y de las personas que forman parte de su maquinaria. Es muy fácil decir que la culpa de todo la tiene  la política, de la que estamos hartos. O, en el mejor de los casos, que la culpa es de los políticos, porque siempre tenemos los políticos más ineptos, los menos preparados, los más corruptos, los más incompetentes… Es muy fácil decir que a todos les mueven intereses personales, que es gente tan sucia que prioriza la guerra partidista a las necesidades de la ciudadanía. ¡Es muy fácil hablar de otros! Lo mismo que quejarse y no hacer nada, que tampoco tiene ninguna complicación. O lo mismo que grabarse un vídeo con gafas de moderna y pinta de influencer para decir que todo mal, ¡hasta votar!

Captura del vídeo de una Youtuber que se viralizó a principios del mes de marzo en el que se señalaba lo anteriormente referido.

 

No tengo página para entrar a valorar la veracidad de esas afirmaciones vertidas con tanta facilidad. Pero vamos a darlas por ciertas. Les pregunto entonces: ¿por qué razón pasa todo eso? ¿Por qué están esos políticos ahí y no otros mejores? ¿Acaso no tenemos ninguna responsabilidad como ciudadanía? ¡Claro que sí! Es de ser muy cobarde y muy poco honesto no reconocerlo. Y no me refiero solo al hecho de que son los políticos a los que nosotros hemos puesto ahí con nuestro voto o nuestra abstención. Me refiero a que como ciudadanía hemos abandonado el marrón, porque digámoslo claro, gobernar es un marrón muy grande, en manos de terceras personas, y que hagan. Reconozcámoslo: es mucho más fácil criticar que tomar las riendas, que comprometerse, que tomar decisiones, que arriesgarnos a equivocarnos.

Tomar consciencia, involucrarse y participar es mucho más difícil que decir que la culpa la tienen otros, lavarnos las manos y mirar hacia otro lado (o hacia la cámara). ¿No creen?

¡Ojo! No estoy yo diciendo que no se puedan criticar las decisiones de las personas que están en política, no solo se puede sino que se debe. Pero tenemos que centrar el tiro: el problema no es la política, el problema no es la democracia, el problema, en todo caso, son los malos políticos. Y si tenemos malos políticos es porque les hemos dejado llegar, les dejamos hacer y para colmo de males les dejamos que nos manipulen cuando les permitimos afirmar públicamente lo mal que está la política o lo malos que son los políticos. Ellos mismos. Los que hablan.

Porque no se engañen, cuando públicamente un mal político reconoce, siempre en plural, que la política o los políticos no están a la altura, no pretende disculparse, sino diluir en el infinito su mal hacer, pasando de una responsabilidad personal a una responsabilidad compartida. Si el problema no es él sino el sistema, nuestro mal político, quizás, se lave la conciencia, pero sobre todo desvía nuestra atención. Lo que quiere evitar es que nos fijemos en los buenos políticos, los que hacen bien su trabajo, son honrados, cumplen sus compromisos y se disculpan con sinceridad cuando son conscientes de que se han equivocado. Porque amigas, cuando una persona entra en política no se bautiza con el agua de la corrupción, el egoísmo y los intereses deshonestos.

Puede ser que tengamos los peores políticos de nuestra historia. Puede ser que la mayoría de los que han llegado a tocar poder lo hayan hecho por su propio interés. No lo sé. Pero si ellos son todo eso, está en nuestra mano no convertirnos en los hooligans de unos mediocres que convierten en hechos sus opiniones y no analizan ni proponen. Está en nuestra mano ser inteligentes y no caer en sus arengas, no comprarles la violencia y atraer la confrontación a la calle. Está en nuestra mano separar el grano de la paja y reconocer, por ejemplo, que no todos los alcaldes se han vacunado contra la COVID-19 o participarían en una suerte de esperpentos maquillados de elecciones o mociones de censura, fallidas. Pero sobre todo, está en nuestra mano dar un paso al frente y convertirnos en el sujeto del verbo hacer.

Yo hago política para que otros no la hagan por mí; y si me alejo será para tomar aire, porque si no hay política y no hay democracia, ¿qué es entonces lo que hay?

 

 

Virginia Hernández
virginiahgz@gmail.com