Se llama cáncer

No sé vosotros, pero yo estoy aburrida, asqueada más bien, del absurdo pudor que nos lleva a no llamar a cosas que son importantes por su nombre. Estoy harta de los eufemismos. Estoy concretamente muy cansada de que no llamemos cáncer al cáncer.

“Pau Donés murió el pasado mes de junio tras una larga enfermedad”. Mire usted, murió de cáncer de colon, que por desgracia es una enfermedad que padecen muchas personas, y el hecho de que usted no la nombre, no hace que no exista, sino que da, incluso, la sensación de que el pobre Pau Donés hubiera hecho algo que no se puede nombrar para desarrollar esa enfermedad.

Los eufemismos se utilizan para expresar con cierto decoro algo que no lo es, que es tabú, que es grosero o de mal gusto. ¿Tiene que sentirse un enfermo de cáncer para colmo culpable de su enfermedad?

Cuando no llaman cáncer al cáncer no están aliviando el dolor ni haciendo desaparecer la enfermedad, están dramatizando aún más el hecho, quitando normalidad a la desgraciada naturalidad de enfermar, están haciendo de este mal algo vergonzante y están poniendo sobre las espaldas de la persona enferma una carga que no necesita.

El cáncer es cáncer, como la gripe es gripe, y un brazo es un brazo. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Es una mierda, eso es cierto. Pero la mierda no desaparece por no nombrarla; al contrario: cómo gestionar la comunicación de nuestra enfermedad acaba por convertirse en un problema mayor perfectamente evitable. Y los problemas es mejor enfrentarlos de cara.

Pau Donés murió de cáncer de colon. Y Bimba Bosé de cáncer de mama. No murieron de una larga enfermedad, aunque tuvieran que convivir con ella largos años.

Mi abuelo murió de cáncer. Mi abuela también. También mi tío. Mi padre tuvo cáncer. Mi madre también. También mi primo pequeño. Ninguno una larga enfermedad. Todos cáncer. Todos lo pasamos mal. Para todos fue un jarro de agua fría. Todos sufrieron. Pero todos cáncer.

Encender la televisión o abrir una revista y encontrar que la gente que en ellas aparece tiene tu misma enfermedad nos une, nos normaliza y nos hace más fuertes. Encender la televisión y que constantemente se recurra a circunloquios estúpidos para hablar de una enfermedad que parece que no puede ser nombrada nos aísla, nos culpabiliza y nos desanima.

Se llama cáncer, no lo queremos entre nosotros, pero se llama cáncer. Y no es un estigma, es una enfermedad.

 

Virginia Hernandez
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