tienda del bacalao Valladolid

Hasta siempre Javi

Javi se marcha. Las persianas bajadas y la puerta cerrada confirman que hoy no abre ya la tienda del bacalao. Otro mítico del barrio y de la ciudad que en su última batalla pierde la guerra, a pesar de la crisis, contra el sector inmobiliario.

Javi cierra y su marcha debe hacernos reflexionar, como barrio, como colectivo, como ciudad. La expulsión de vecinos y comerciantes de edificios y locales medio ruinosos pero susceptibles de convertirse en un interesante pelotazo urbanístico ha de hacernos más conscientes del proceso de gentrificación que está acabando con las redes orgánicas de población en las ciudades; ha de hacernos conscientes de la importancia de las redes vecinales frente a los intereses económicos de los grandes grupos empresariales. ¿Quién y qué gana o pierde con el cierre de un pequeño comercio de barrio como Alimentación Heras?

Nuestras calles se están convirtiendo en cementerios comerciales, y es cierto que los grandes capitales y el poder así lo disponen, pero cabe preguntarse ¿qué responsabilidad como ciudadanía tenemos en la decadencia del comercio de proximidad?

El pasado 1 de enero se cumplieron 20 años de la entrada en vigor de la Ley de Arrendamientos, muchos comercios de la ciudad perdieron el contrato de renta antigua que les permitía pagar por los alquileres de sus negocios un precio considerablemente inferior al precio de mercado y se han visto obligados a cerrar ante la incapacidad para hacer frente a sus nuevas tarifas de alquiler. Si opinamos como ciudadanía es un drama, no hay consuelo ni valoración positiva ante la pérdida directa de puestos de trabajo, la consecuente desaparición de la vida de barrio y del barrio propiamente dicho si pensamos en la sucesión de locales vacíos. Sin embargo, ¿qué opinamos como consumidores?

Tiene gracia, pero nuestro disgusto e indignación ciudadanos son desdichos por nuestros hábitos de consumo. ¿Somos clientes de los comercios que echan el cierre ante la inviabilidad de sus negocios? La respuesta es no. Nos duele que desaparezcan los pan y leche del barrio pero nuestros alimentos los compramos en los grandes supermercados, nos duele que desaparezcan las tiendas de ropa y calzado pero el 65% de los españoles vestimos con las mismas doce marcas, nos duele el vacío de las calles pero vamos a pasear al centro comercial. Y sí, las constructoras expulsan los negocios que no son rentables y esos espacios los ocuparán conocidas cadenas de comida rápida con solvencia sobrada para pagar altos alquileres. Y allí iremos cada domingo a comer. Y sí, la falta de clientes del restaurante de abajo supondrá su cierre porque el dinero que malganamos lo reinvertimos de nuevo en las empresas que nos explotan y entre todos la mataron y ella sola se murió. Y solo se nos ocurre resucitar al muerto a costa de trabajar también los domingos.

Lo que le ha pasado a Alimentación Heras no ha sido una cuestión de alquileres porque no ha habido lugar a la negociación, y quizás esta vez no hayan sido los hábitos de consumo los que han rematado al clásico, o todo influye, pero este cierre debe invitarnos a pensar. Nuestras ciudades se mueren. Las matan y las matamos. Mucho me temo que Javi se marcha pero nada sucederá en el nuevo edificio vacío de la ciudad. Los mismos que se lamentan hoy comprarán mañana la legumbre, el bacalao o el vino en un supermercado que facilitará la muerte de otro comercio de barrio.

Te echaremos de menos Javi, a tu tienda y a los esfuerzos que hiciste por darle a este barrio una chispa de color; no es que cierre la tienda del bacalao, es que cierra un galo que convirtió su tienda y su plaza en escenario, en cultura, en participación: en vida. Dices que Diursa os quería en la calle, pues que en la calle nos sigamos viendo y siga siendo la tienda del bacalao seña de identidad del barrio que creemos puede ser cada día un poquito mejor.

¡Buena suerte!

Virginia Hernandez
isaeirene2015@gmail.com