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En la lucha contra el cáncer

En las pasadas semanas hemos celebrado el día mundial contra el cáncer de mama y el día mundial contra el cáncer. Días que cada año tienen más presencia en nuestras agendas y que, aunque sea de manera inconsciente, tratamos de visibilizar cada vez más: con una mezcla de reivindicación y orgullo nos ponemos el lazo rosa el 19 de octubre y lo lucimos durante toda la jornada prendido en la solapa de la chaqueta; y qué decir de la marcha contra el cáncer que corremos, caminamos o patinamos el domingo 27, que se ha convertido ya en todo un hito para muchas familias de nuestra provincia. De hecho, ese domingo pudimos ver el centro de la capital vallisoletana abarrotado de personas ataviadas con las oficiales camisetas verdes para participar en esa marcha cuyos beneficios irán destinados al proyecto “Identificación de biomarcadores epigenéticos de predicción de respuesta a inmunoterapia”, de la Dra. María Verónica Dávalos.

Por desgracia, quien mas quien menos, ha sufrido de cerca a esta despiadada enfermedad y esto es, sin duda, lo que empuja a tanta y tanta gente a participar de estos eventos. Sin embargo, cuando una se para a escuchar ciertas conversaciones o se encuentra envuelta en la masa, justo antes de empezar a correr (porque una servidora hizo corriendo la marcha) no puede evitar tener la sensación de que mucha de la gente allí apelotonada ha acudido a la cita como quien acude a una manifestación, y como si del no a la guerra se tratara, se reivindica el no al cáncer como si algún ente superior tuviera la posibilidad de fulminar el cáncer ante la presión social.

Esta sensación me generó en el momento una gran frustración, lo reconozco, y por eso lo escribo. Y es que si bien es importante la concienciación social demostrada y si bien puede servir de apoyo a las personas que padecen la enfermedad y sus familiares, ir a la marcha contra el cáncer, como quien va a manifestarse, no sirve para nada: al cáncer no basta con decirle que no en una manifestación.

Al cáncer se le previene y se le trata, y para ambas cosas se necesita financiación. En la lucha contra el cáncer es imprescindible educar en salud, apoyar y acompañar a las personas enfermas y sus familias y, sobre todo, financiar proyectos de investigación que permitan un mejor diagnóstico y tratamiento y luego, claro, hacerlos efectivos. Y para todo eso se necesita dinero.

Decía antes que no podemos juntarnos en una manifestación y gritar “cáncer no” porque ningún gobierno tiene la capacidad de erradicar la enfermedad de inmediato, pero de lo que sí tienen capacidad todos los gobiernos es de aumentar el gasto público en sanidad, de investigar esta enfermedad y de invertir en prevención y tratamientos para, finalmente, curar. Salir a la calle a gritar “cáncer no” puede reconfortarnos a las personas que vivimos esta enfermedad de cerca, pero no cambia nada, nuestra obligación es exigir a los gobiernos que inviertan. Es más, antes incluso de manifestarnos tenemos la posibilidad de elegir, con nuestros votos, un gobierno cuya prioridad no sea recortar en sanidad.

El otro día un amigo médico me pasaba una noticia cuyo titular decía: “En EEUU los médicos avisan: se tendrán que racionar gastos en tratamientos oncológicos en niños”. Dicen que cuando las barbas de tu vecino veas cortar pongas las tuyas a remojar, así que debemos reivindicar el manejo íntegro del cáncer desde la sanidad pública y ser conscientes de que el próximo 10 de noviembre también elegimos modelo sanitario.

Hablaba de la frustración y espero que se me haya entendido, pero también os digo que quien escribe fue a correr y colabora con la AECC desde que tuvo su primer sueldo decente, que correr esos 5 kilómetros también me hizo estar más acompañada y más acompañante de quienes sufren en primera persona esta enfermedad, pero que no quiero que se me olvide, ni a mí ni a ustedes, que aunque en el pasado mes de octubre hayamos mostrado nuestro apoyo incondicional a todas las personas que han padecido y padecen cáncer, también tenemos que reivindicar y exigir una sanidad pública de calidad y apoyo y financiación suficiente para la investigación de sus tratamientos.

El día 19 nos pusimos el lazo rosa, el 27 la camiseta verde y el próximo día 10 tendremos la oportunidad de elegir entre quienes quieren recortar a la enfermedad o entre quienes quieren recortar su tratamiento. Tu voto será el mejor apoyo.

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Virginia Hernandez
isaeirene2015@gmail.com