Artículo en La Mar de Campos

Cuñadismo sanitario

El término cuñadismo, que antes hacía referencia al nepotismo o favoritismo hacia los cuñados, amplió su significado oficial el pasado año, y ahora se emplea sobre todo para referirse a la tendencia a opinar sobre cualquier asunto, queriendo aparentar ser más listo que los demás.

Acaba de pasar la Navidad, y es esta, probablemente, la época más propicia para la floración del cuñadismo y con él, probablemente, su tema favorito: la sanidad. O mejor dicho, lo mal que está la sanidad.

Porque a quién no le ha tocado escuchar a un cuñado, o incluso va a sentirse identificado con él, explicar con vehemencia y aire convincente que se ha hecho un seguro privado porque la situación de la sanidad pública es insostenible. Que el otro día fue a hacerse no sé qué prueba y le tuvieron esperando no sé cuántas horas y no tendrá los resultados hasta dentro de no sé cuántos días.

Pero claro… cuántas veces no es ese cuñado el mismo al que un día le duele el dedo de un pie y decide ir a que le atiendan en urgencias por vaya usted a saber qué razón, colapsando un servicio que no necesita, para quejarse más tarde de todo el tiempo que tardaron en atenderle…

O mejor aún, cuántas veces no es ese cuñado, que ha decido pagar mensualmente una cuota a un seguro privado, el mismo que no declara todo lo que gana. Quizás me equivoco y aún no sea de Sanitas, Adeslas, Asisa o de cualquier otra compañía que le venga a la cabeza, pero lo que sí parece claro es que aún no se ha dado cuenta de que si a su madre, abuelo, hermana o sobrino están tratándole de un cáncer en la seguridad social, no es desde luego por lo que él está defraudando, sino por lo que los demás ciudadanos seguimos aportando.

Quizás ese cuñado que tanto maldice nuestra sanidad aún no se ha dado cuenta de que si todos decidiéramos no declarar nuestros ingresos, su madre, abuelo, hermana o sobrino no podrían darse ni la primera sesión de quimioterapia. Y tampoco se ha percatado de que si finalmente apostase únicamente por la sanidad privada, ni aunque el cuñado se quitase de comer, pagaría un cuarto del tratamiento necesario.

Y os cuento esto porque llevo un mes visitando todos los días el hospital, un hospital público. Y no puedo dejar de pensar cada día que cruzo la puerta en la inmensa suerte de sanidad pública de la que gozamos los habitantes de este país. No puedo dejar  de admirar la profesionalidad de todas aquellas personas que tan diligentemente están atendiendo a mi padre, que hace un mes sufrió un accidente.  Y pienso que si bien no podemos tolerar el desmantelamiento de nuestro sistema sanitario, tampoco podemos olvidar nuestra responsabilidad ciudadana.

Manifestación

Por eso salí a la calle a manifestarme el pasado 20 de enero. Porque mientras los cuñados siguen quejándose, defraudando o haciéndose seguros privados, y son incapaces de darse cuenta de que los mismos que recortan nuestra sanidad pública son los mismos que tienen intereses en las empresas privadas del ámbito sanitario, yo pienso que merece la pena dedicar hasta el último aliento en defender un sistema público de salud que ha sido modelo para el mundo entero, y que hoy cura a mi padre, pero que ayer curó a mi madre, también me tuvo que curar a mí, y a mi hermana y a mi abuela y a mi abuelo y a vosotros, cuñados, también.

El presupuesto para sanidad de la Junta de Castilla y León ha descendido casi el 10% entre 2010 y 2014, y todavía no lo hemos recuperado. Sufrimos cierres de centros, camas y quirófanos, recortes de personal en hospitales, en centros de salud y consultorios rurales. Tenemos a un médico haciendo lo que antes hacían dos o tres por la amortización de plazas y se ha impuesto la no prescripción de enfermería. Sufrimos un incremento de listas de espera, con una saturación de trabajo del personal, y las unidades de gestión clínica como privatización encubierta, además de la externalización de pruebas y consultas. Así que por favor, cuñados, no se lo pongáis tan fácil a quien quiere recortar nuestra salud: os esperamos en la calle para defenderla.

Artículo en La Mar de Campos

***Artículo publicado en La Mar de Campos en febrero de 2018.

 

Virginia Hernandez
isaeirene2015@gmail.com