Artículo en La Mar de Campos

Campo amarillo

Era 29 de septiembre y mi amiga y compañera de carrera Carlota tuiteaba “Hemos estado convencidos de que éramos menos, que nuestro paisaje y tierra no era hermosa. Y es una tierra que llevamos bajo la piel”. Ella vive en Burgos, nos separan 163 kilómetros, probablemente hiciera semanas que no intercambiábamos una palabra y, sin embargo, las dos estábamos dando vueltas a la misma canción.

 

Tweet de Carlota

Otro chico, que no conozco, respondía “casi me hace llorar” y una notificación en otra red social me preguntaba: “tía, ¿has escuchado Campo amarillo?”.

Ya éramos al menos cuatro las personas, que yo supiera, que no podíamos dejar de escuchar esos versos que insistían: “Quieren hacer el agosto a nuestra costa/sin saber, sin saber,/que los campos castellanos/arden fácil en verano”.

Era 29 de septiembre y La MODA, grupo musical más de moda que su propio nombre, ídolos de la juventud de toda España, sacaban su tercer disco. Esa misma mañana ya lo tenía yo para escucharlo una y otra vez. Lo que no sabía ni yo, ni ninguna de las personas que nos encontrábamos colgadas de repente de una canción, es que la modernidad más absoluta iba a regalarnos un nuevo himno, una canción para que los jóvenes castellanos pudiéramos sentirnos parte de una misma cosa, una misma cosa de la que sentir orgullo: nuestra tan denostada Castilla.

Desde pequeños nos han dicho que esta no era tierra de prosperidad. Que los buenos se van. A Barcelona, a Madrid, a otros países… Que los buenos, los mejores, no pueden quedarse en Castilla.

Pero el 29 de septiembre un grupo de música joven y moderno, no sólo no se separaba de su Burgos natal para ser más grande, sino que nos entregaba el himno y el orgullo. Me sentí menos sola. Y no podía dejar de imaginar a la juventud de todo el Estado entonando un canto a nuestra tierra, la antipatria. El lugar común de la ranciedad convertida en himno pop.

Y llegó el 17 de noviembre y su actuación en Valladolid. Y cientos de jóvenes vestidos a la última, con Instagram en una mano y una cerveza en la otra enmudecían sus gargantas para desgarrarlas después cantando “casa de herrero, cuchillo de palo/ser inmigrante en tu propio país”.

Y ahora imagino a otros jóvenes de otras partes del país cantándole a esta Castilla que nos dijeron no era para nosotros, que claro que somos buenos aunque nos quedemos, como un más que hermoso acto de justicia poética.

Escuchad la canción, pedid a alguien que os la ponga. Pero no penséis en ella como la canción de vuestros abuelos, sino como la canción de vuestros nietos. Demos la vuelta a esa estrofa final que dice “ya van quedando vacíos los pueblos./Ya van perdiendo los niños sus sueños”.

La MODA ya ha hecho más por esta tierra que muchos que dicen dedicarse a ello. Gracias.

Artículo en La Mar de Campos

***Este artículo se publicó en La Mar de Campos en diciembre de 2017.

Virginia Hernandez
isaeirene2015@gmail.com